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miércoles, 7 de agosto de 2013

La naturaleza humana no es tan proclive a la guerra, según un nuevo estudio

miércoles, agosto 07, 2013 By Cristal Barreto , No comments


La naturaleza humana no es tan proclive a la guerra, según un nuevo estudio
Fuente: WIRED | Brandom Keim| 18 de julio de 2013 (Traducción de G.C.C. para Terrae Antiqvae)






Teniendo en cuenta la larga y terrible historia de violencia entre grupos de personas, es fácil pensar que los seres humanos están predispuestos a la guerra. Pero un nuevo estudio sobre la violencia en las sociedades contemporáneas de cazadores-recolectores, las cuales pueden dar pistas sobre la vida humana en la prehistoria, sugiere que el comportamiento bélico es un fenómeno relativamente reciente.


Claro, los seres humanos son violentos, dicen los investigadores, pero la mayoría de las matanzas de los cazadores-recolectores son más resultado de temperamentos caldeados y enemistades personales que de conflictos entre grupos.



Los resultados "contradicen la idea de que los seres humanos tienen una tendencia evolutiva a formar coaliciones para matar a miembros de grupos vecinos", escribieron los antropólogos Douglas Fry (izquierda) y Patrik Soderberg (derecha) en su trabajo de investigación publicado en Science el pasado 18 de julio.


"La gran mayoría de nosotros asume que la guerra es antigua, que es parte integrante de la naturaleza humana", dijo Fry. "Este tipo de percepciones tienen influencias muy fuertes en lo que sucede en la sociedad actual".


Fry y Soderberg esperan iluminar una época que se extiende desde hace unos 10.000 años, cuando las herramientas metálicas aparecen en el registro arqueológico, hasta hace alrededor de unos 2,5 millones de años, cuando el uso de herramientas de piedra se generalizó. Este periodo se define en nuestra autoestima antropológica como la adolescencia de la humanidad, un crisol evolutivo que daría forma a nuestra especie.


Un punto de vista, reforzado por los estudios sobre los conflictos entre los chimpancés y lostestimonios arqueológicos dispersos de muertes violentas en los seres humanos prehistóricos, sostiene que la violencia entre grupos ha sido común y constante, reflejándose e influyendo en la naturaleza humana.


Algunos otros investigadores consideran que esa opinión es injustificadamente oscura, una especie de versión científica del pecado original. Dicen que la violencia humana colectiva es una aberración, no una característica básica de la vida. En este campo es Douglas Fry quien, en su obra publicada en el año 2007, Beyond War: The Human Potential for Peace ("Más allá de la guerra: el potencial humano para la paz"), argumentó que a menudo se han malinterpretado las evidencias arqueológicas sobre la guerra prehistórica y se ha exagerado la violencia de los modernos cazadores-recolectores.




Un análisis transcultural encontró que las poblaciones de cazadores-recolectores nómadas rara vez se organizan para atacar a otros grupos, con la excepción de los miembros de la sociedad indígena Tiwi de Australia (en la foto). Crédito: © Bill Bachman / Alamy (Ver artículo de Science News)


En la mayoría de las sociedades de forrajeo o recolección, dijo Fry, la agresión letal era infrecuente, y en el registro arqueológico la violencia no toma carácter entre intergrupal hasta hace relativamente poco tiempo, cuando la gente se estableció en sociedades cada vez más grandes, más complejas y jerárquicas.


En el nuevo estudio, Fry y Soderberg consultaron las historias etnográficas de 21 sociedades recolectoras nómadas, compilando una base de datos sobre todas las incidencias documentadas de agresión letal y que se podían encontrar en relatos dignos de confianza a lo largo de los dos últimos siglos.

Se contaron 148 incidentes en total, de los cuales más de la mitad involucraban a una sola persona que mataba a otra. Sólo en un 22 por ciento participan múltiples agresores y víctimas múltiples, y únicamente un tercio de los conflictos son entre grupos.


La mayoría de los asesinatos fueron motivados por celos sexuales, en venganza por un asesinato anterior, o por insultos u otras disputas interpersonales. La violencia colectiva entre grupos es la excepción, no la regla. Para Fry, el peso de la evidencia sugiere que los orígenes de la humanidad fueron, si no exactamente pacíficos, tampoco excesivamente bélicos.


"Cuando nos fijamos en estos grupos forrajeros se ve una gran cantidad de cooperación. Hay homicidios en algunas ocasiones, pero, en general, las personas se llevan muy bien. Los seres humanos tienen capacidad para la guerra, nadie lo puede negar, pero hacer de la misma una parte fundamental de la naturaleza humana significa estar manifiestamente fuera de contacto con los datos", dijo Fry.



La toma de posición de Fry en la historia de los conflictos ha conllevado alguno en sí mismo. Sam Bowles, un economista del Instituto de Santa Fe y teórico del comportamiento, que postula que las tendencias cooperativas humanas fueron formadas por la guerra, dijo que el nuevo trabajo "no es compatible con las implicaciones más amplias que reclama".


El nuevo conjunto de datos es limitado, dijo Bowles, porque excluye a las sociedades menos nómadas, a las sociedades pastoriles, e incluso si la guerra no era omnipresente, niveles modestos serían suficientes para dar forma a nuestra evolución social, dijo.



El antropólogo Richard Wrangham, de la Universidad de Harvard, que ha estudiado los conflictos entre los chimpancés, no está preocupado por la omisión de sociedades pastoriles, pero dijo que los relatos de los cazadores-recolectores modernos no son guías fiables del pasado.


"Estas sociedades están ahora dispersas, y a menudo viven al lado de otras sociedades agrícolas más poderosas dijo Wrangham. En el pasado, al vivir junto a otras sociedades forrajeras, con menos desequilibrio de poder, habrían sido más belicosas", dijo Wrangham


Fry está de acuerdo en que las sociedades recolectoras modernas son ventanas imperfectas sobre los orígenes de la humanidad, pero adujo que los datos sugieren una tendencia que encaja con la escasez de evidencias arqueológicas sobre la guerra antes de 10.000 años atrás, cuando surgieron las sociedades asentadas y complejas.



El antropólogo George Chaplin, de la Universidad del Estado de Pennsilvania (USA), que no ha estado directamente involucrado en el debate, está de acuerdo en que "los primeros ancestros humanos debieron haber sido más pacíficos que lo que un modelo sobre los chimpancés podría predecir".


Chaplin, que escribió recientemente acerca de la aparición de conflictos de grupo en el este de América del Norte -lo cual parece haber sido impulsado por el aumento de las poblaciones humanas y el advenimiento de los arcos- dijo que las claves para un entorno pacífico son la existencia de grandes áreas de forrajeo y un baja densidad de población.


Dada la dificultad de reconstruir la historia en sus comienzos, el debate sobre la guerra y la naturaleza humana podría no ser resuelto. Sin embargo, la simple posibilidad de que los seres humanos no son por naturaleza guerreros tiene implicaciones inmediatas, subrayó Fry.


Supuestos de este tipo dan forma a las preguntas que los investigadores exigen. "Hay mucha discusión sobre matar y asaltar sin darse cuenta que se quita importancia a otros aspectos de la vida de los cazadores recolecrores, tales como los mecanismos de mediación de conflictos que toda sociedad primitiva tenía", añadió.



"Tal vez la presión selectiva principal fuera no matar". En la explicación de la guerra, no deberíamos mirar a la naturaleza humana tanto como a los ambientes humanos, a las estructuras sociales y a las tecnologías. Tal vez la tendencia a la guerra no está en nuestra biología, sino en nuestra sociología.


"Este tipo de preguntas acerca de la naturaleza de la humanidad, sobre la naturaleza de la sociedad, son muy relevantes hoy en día", dijo Fry. "La gente me ha dicho: 'Siempre hemos tenido guerra. Siempre tendremos guerra'. Tal vez no sea necesariamente así", concluye.

Fuente: Terrae Antiqvae

Cristal c. Barreto C. 

Antropóloga- UCV

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